Aquella noche sin luna

artedía de la poesíamitología

Tiempo estimado de lectura: 2 minutos, 3 segundos

Fray Flaminio Benítez Ortiz, OCD (Yhatata Ñuroky)
Cielo nocturno

Cielo nocturno

Aquella noche sin luna, en la morada de la musa,
un poema brillaba en los labios de un vate desconocido;
era como una sonrisa abierta, expuesta a la admiración;
era como la mirada que yacía en los ojos de las estrellas,
escondidas detrás de las nubes más oscuras del firmamento;
era como el canto del cisne que renacía, victorioso,
de su propia tumba, después de su muerte;
era como el eco del silencio que viene
a nombrar la vida, misteriosamente.

Sí, el poema es como el útero donde se reproduce la vida,
es como la palabra, alumbrada por la boca del pensamiento;
es como el latir del verbo armonizando el cosmos en una mano;
es la belleza que siempre brilla a pesar de la noche;
es como el parto de la luz, allí donde muere la oscuridad
y nace el alba, desde el fondo de sí misma;
es como la luz que resiste sepultarse en la tenebrosa lobreguez
con que se cubre la hirsuta piel de este mundo;
es como el baúl que esconde el arcano arte de conjugar los verbos.

Aquella noche sin luna, lo recuerdo,
era como el amanecer de los versos en la tierra de las odas y las elegías;
y aquella luz, tejida de sueños, nacía desde el vientre de la nada;
era como si el drama jugara con la lírica y con la épica
quién encontraba, primero, a ditirambo en la metáfora del entusiasmo;
era como un suspiro de un Gilgamesh sumerio, que buscaba a aedo,
para que contara en verbo yámbico la Iliada y la Odisea,
para que en la tierra de la sátira el haiku no imagine su forma exacta,
para que el soneto y la lira se abracen como hermanos.

Aquella noche sin luna, puedo decirlo,
mi pluma conoció a Selene huyendo de los fulgores de Artemisa,
era como un encabalgamiento de mi alma en una aliteración de mi canto,
nacido en la dorada isla de mis sueños como aquel hijo de Caneto;
era como la Aurora iluminando mi pluma en el brocal de mis rimas,
anunciando el ritmo sobre el diapasón de mis palabras;
era como el anuncio de un poema augurando su propia llegada,
era como el brillo de los ojos trayendo la mirada de un más allá
de los sueños, al despuntar los primeros amores hacia la poética belleza.

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